Desde hace varios años, estamos asistiendo a un fenómeno diplomático digno de un juego de dominó: cada vez más países retiran su apoyo al Frente Polisario y se suman al plan marroquí de autonomía para el Sáhara. Este cambio de rumbo supone un éxito evidente para la diplomacia marroquí, que apuesta por una solución política pragmática a un conflicto que se prolonga desde hace varias décadas.
Un conflicto antiguo, un nuevo enfoque
El Sáhara Occidental es una región en disputa desde la década de 1970. Marruecos la considera parte integrante de su territorio, mientras que el Frente Polisario, apoyado principalmente por Argelia, lucha por la creación de un Estado independiente. En 2007, Marruecos propuso un plan de autonomía bajo su soberanía, que ofrecía una amplia autonomía local al tiempo que mantenía la unidad territorial nacional. Este plan ha ido ganando terreno a lo largo de los años, especialmente ante el estancamiento diplomático y la falta de avances en otras propuestas.
Alianzas en transformación
Varios países que históricamente han apoyado al Polisario han cambiado recientemente de postura. Dos casos son especialmente significativos:
- Kenia, que había reconocido la «República Saharaui» en 2005, ha cambiado de postura y ahora se ha acercado a Rabat, considerando que el plan de autonomía marroquí es la solución «más realista» al conflicto. Este cambio de postura se debe, en particular, a los crecientes intereses económicos entre ambos países, como el proyecto del gasoducto Nigeria-Marruecos.
- Siria, que durante mucho tiempo fue cercana al Polisario, cambió de rumbo tras la caída del régimen de Bashar al-Assad, llegando incluso a cerrar las oficinas del Polisario en Damasco, en señal de acercamiento diplomático con Marruecos.
En el lado europeo, Gran Bretaña se ha sumado a Francia, Alemania y España en su apoyo a la propuesta marroquí. El Brexit obliga a Londres a redefinir sus relaciones comerciales con África, y Marruecos se perfila como un socio estratégico en la lucha contra el terrorismo y la migración ilegal.
El apoyo árabe e internacional
La mayoría de los países árabes, en particular los Estados del Golfo, apoyan claramente la integridad territorial de Marruecos. A ello se suma el importante respaldo de Estados Unidos, que bajo la presidencia de Donald Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara en 2020, paralelamente a la normalización de las relaciones entre Rabat y Tel Aviv.
China, aunque más cautelosa, defiende el principio de integridad territorial y refuerza sus lazos económicos con Marruecos, lo que puede interpretarse como un apoyo tácito.
Los últimos bastiones del Polisario
A pesar de este cambio generalizado, algunos países siguen apoyando firmemente al Polisario:
- Irán, al que Marruecos acusa de proporcionar apoyo militar indirecto al Frente Polisario a través de Hezbolá en el Líbano. Aunque Teherán lo niega, la tensión sigue siendo palpable.
- Sudáfrica, fiel a sus ideales anticolonialistas, ve en la causa saharaui una continuación de la lucha por la autodeterminación de los pueblos.
- Argelia, aliada histórica del Polisario, acoge a sus dirigentes, financia íntegramente sus operaciones y rechaza categóricamente el enfoque marroquí, invocando su apoyo a los movimientos de liberación.
Plan marroquí de autonomía para el Sáhara: ¿Una resolución a la vista?
De los más de 80 países que reconocieron en el pasado a la «República Saharaui», el número de apoyos se ha reducido hoy a menos de la mitad. Esta dinámica favorece sin duda a Marruecos en la escena internacional y aumenta la presión sobre el Polisario para que revise su estrategia.
El plan de autonomía se percibe como una solución creíble, capaz de aportar estabilidad, seguridad y desarrollo económico a la región. El creciente apoyo del que goza podría anunciar una resolución política del conflicto en un futuro próximo, siempre y cuando los últimos bastiones de resistencia acepten jugar el juego de la realpolitik.

