Cada verano se repite la misma escena: cientos de miles de vehículos se dirigen desde España hacia Marruecos. En el verano de 2024, alrededor de 800 000 vehículos transitaron por este país. Se trata de migrantes que viven en Europa y pasan sus vacaciones en su país de origen. Pero, ¿qué significa «hogar»?
El término «hogar» se ha vuelto cada vez más complejo. Para un número cada vez mayor de personas, se mezclan diferentes identidades. Los grupos de migrantes viven lo que se denomina «identidades múltiples» y «patrias múltiples». ¿Cómo ocurre esto? ¿Qué viven cuando abandonan su patria española cada verano para ir a Marruecos?
En 2024, 3,4 millones de personas cruzaron el estrecho de Algeciras hacia Tánger. Los ferris transportaron más de 800 000 vehículos durante los tres meses de verano, una cifra récord.
El documental de DW «De Madrid a Marruecos: viaje de regreso al país» muestra cómo este convoy sirve de puente entre los países de origen de las personas a las que acompañamos en su viaje, y vemos cómo llegan allí y pasan el verano. Las personas mayores y su deseo de raíces, y los jóvenes que a menudo tienen dificultades para conciliar su mundo con sus «raíces».
Una migración cíclica bien establecida
Nos embarcamos con Sanae, Youssef y sus tres hijos, que han salido de Madrid para llegar a Casablanca. Como miles de personas más, toman la carretera que atraviesa España hasta el puerto de Algeciras, antes de cruzar el estrecho de Gibraltar hacia Tánger. Este viaje anual se ha convertido en un ritual arraigado en la vida de muchos marroquíes que viven en Europa.
A lo largo de esta ruta se perfilan puntos de referencia culturales: áreas de servicio gestionadas por expatriados marroquíes, restaurantes halal, espacios de oración, como tantos otros puntos de referencia entre aquí y allí.
Dos mundos, dos realidades
Para Sanae, que llegó a España como asistenta doméstica a los 25 años, la vida se ha construido entre fronteras. A pesar de las dificultades, la estabilidad económica en España permite a su familia vivir con dignidad, un lujo a menudo inaccesible en su país de origen. «En España, nos las arreglamos. En Marruecos, incluso con un pequeño salario, no se llega a fin de mes», afirma sin rodeos.
Y, sin embargo, la llamada de Marruecos sigue siendo fuerte. Allí encuentran el calor familiar, los recuerdos, los olores de las sardinas asadas en el mercado de El Araïch. El corazón se debate entre dos pertenencias. Sus hijos, nacidos y criados en España, viven esta doble cultura sin contradicciones aparentes. «Mi corazón está en los dos países», confiesa uno de ellos.
La otra cara de Marruecos
Pero el documental no se limita a mostrar el reencuentro bajo el sol. También revela las grietas: los barrios pobres de Casablanca, como Sidi Moumen, o los barrios marginales de Rahmna, donde los jóvenes solo tienen dos perspectivas: arreglárselas como puedan o exiliarse.
Algunos, como un joven que vive en un bosque cerca de Tánger, arriesgan su vida a diario para llegar a Europa. Muestra sus heridas, sus intentos de trepar por debajo de los camiones. A los 11 años ya había intentado cruzar el mar… a nado.
Esta realidad contrasta violentamente con la de los niños de la diáspora que regresan para las vacaciones, antes de volver a las escuelas, a un futuro, a la estabilidad.
Marruecos en transformación
El documental también muestra un Marruecos en transformación. El rey Mohamed VI ha invertido en infraestructuras, industria, trenes de alta velocidad y zonas industriales. Un joven empresario, Mohamed Ben Ajiba, encarna a esta nueva generación formada en Europa, pero que ha regresado para participar en el auge del país. Sin embargo, este Marruecos moderno convive con un autoritarismo latente. La prensa está vigilada y criticar al rey es tabú.
Entre nostalgia y realismo
Este documental pone de relieve una paradoja: Marruecos es a la vez la tierra natal idealizada y un país del que muchos aún quieren marcharse. Está claro que, más allá del apego cultural, este retorno también está motivado por la necesidad de mantener el vínculo con la familia que se ha quedado allí, de apoyar económicamente a los seres queridos, ya que las remesas representan más del 8 % del PIB marroquí.
Conclusión: «De Madrid a Marruecos: viaje de regreso al país»
El viaje de Madrid a Casablanca, en Marruecos, va más allá de la simple geografía. Atraviesa identidades, elecciones de vida, rupturas y esperanzas. Este documental da voz humana a quienes viven entre dos mundos, con una pregunta universal como telón de fondo: ¿dónde está realmente el hogar?
FAQ
¿Por qué tantas familias viajan cada verano desde España a Marruecos?
Porque para muchas familias marroquíes instaladas en Europa este viaje permite mantener el vínculo con sus raíces, reencontrarse con sus familiares y transmitir esa conexión cultural a sus hijos.
¿Qué muestra realmente el documental “De Madrid a Marruecos: viaje de regreso al país”?
El documental muestra tanto el regreso estival de la diáspora marroquí como las tensiones identitarias, sociales y económicas que viven quienes se mueven entre España y Marruecos.
¿Qué significa tener una identidad entre dos países?
Significa vivir con un sentimiento de pertenencia compartido, donde una persona puede sentirse vinculada a España por su vida cotidiana y a Marruecos por su historia familiar, su cultura y sus raíces.
¿Qué contraste destaca el documental entre la diáspora y algunos jóvenes marroquíes?
El documental subraya la diferencia entre las familias que regresan de vacaciones desde Europa con cierta estabilidad y los jóvenes marroquíes que siguen viendo la emigración como su única salida.
¿El regreso a Marruecos es solo una cuestión emocional?
No. Además del apego afectivo y familiar, este regreso también tiene una dimensión económica y social, ya que muchas familias mantienen relaciones de apoyo material con sus parientes que siguen viviendo en Marruecos.

